¿Han matado los blogs y las redes sociales el periodismo de calidad?

estatua

Y que conste que no lo digo yo, si no que es una de las conclusiones que se extrae de la segunda parte del Barómetro “El profesional de la información en la era 2.0” que, como contaba en mi anterior post, ha realizado la consultora Axicom en colaboración con ANEI (Asociación Nacional de Empresas de Internet).

En este estudio se diferencia entre periodista (aquel que sólo escribe para medios tradicionales y no tienen un blog) y blogueros (aquellos qestatuaue sólo escriben para un blog). Eso sí, sorprendentemente, ambos grupos consideran que el colectivo más influyente a día de hoy es el periodista que, además, tiene blog. Me pregunto porqué entonces los periodistas tradicionales siguen siéndolo y no se animan a tener su propio diario en Internet…

Pero, volviendo al arranque de estas conclusiones, es curioso que tanto periodistas como blogueros coincidan en señalar (el 91 por ciento en el primer caso, el 71 por ciento en el segundo) que la llegada de estos nuevos canales supone que no se mantengan los criterios de calidad que en el periodismo tradicional. Dicho de otro modo, podemos concluir que los blogs y las redes sociales matan al periodismo de calidad.

¿Cuáles son los efectos que ha provocado la irrupción de estos nuevos canales en el ejercicio del periodismo, según sus profesionales? (los blogueros rebajan estos datos en unos 20 puntos)

  • 75% estima que las redes sociales conllevan rumorología y falso periodismo;
  • 65% opina que provocan que el trabajo haya que hacerlo demasiado deprisa;
  • 73% cree que suponen pérdida de rigor periodístico;
  • 62% considera que hay poca fiabilidad;
  • 70% estima que la información que ofrecen estos canales es sesgada;
  • 72% que les supone una mayor carga de trabajo;
  • 78% que los plazos de entrega que exigen estas herramientas son demasiado cortos;
  • 77% cree que cualquiera puede ser editor y que la información no está contrastada.

La carrera por ser el más rápido, por ser el primero en dar una noticia, está en el ADN del periodismo. Y las redes sociales e Internet no han hecho sino acelerar aún más esta rapidez e inmediatez que se nos exige. Algo que debería ser bueno, pero que a veces también tiene consecuencias negativas. No es la primera vez que en Twitter empieza a circular la noticia de, por ejemplo, un fallecimiento que, poco después, acaba desmintiéndose. Errores que han pasado toda la vida en el periodismo y que, por tanto, se replican en las redes sociales como vías de comunicación que son.

Una mayor exigencia de rapidez no tendría porqué conllevar una merma de la calidad, aunque es cierto que a veces, en esa balanza, no siempre acaba ganando la parte positiva.

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