El futuro de la prensa, la prensa del futuro

Es uno de los temas más recurrentes de los últimos tiempos entre periodistas y puede que lo siga siendo en los venideros: saber cuál es el futuro de la prensa o, dicho de otro modo, cómo será la prensa del futuro.

Por lo pronto, el presente es negro. Prácticamente no hay semana que no conozcamos el cierre de algún medio de comunicación (principalmente escrito) o despidos y ERE (expediente de regulación de empleo), tanto en medios impresos como audiovisuales. De los puramente on-line apenas hay noticias, puede que en parte debido a que estas redacciones son aún muy pequeñas en personal, por lo que sus números no salen a la luz.

A esto habría que añadirle no sólo la cantidad de periodistas que, en el pasado, han perdido sus puestos de trabajo, sino también las hordas de licenciados que, cada año, salen de las decenas de facultades de periodismo/comunicación que pululan por España (¿acaso tiene sentido generar, tanto en ésta como en otras profesiones, miles de licenciados y, por lo que se supone, personal cualificado que vaya a engrosar directamente las listas del paro porque se han preparado para una oferta de trabajo muy limitada?).

El pasado, pasado está y no se puede cambiar. El presente es lo que nos toca vivir. Así que las miradas se centran en el futuro, en cómo será. Dado que parece evidente que en el pasado (y quizá en el propio presente) se han hecho las cosas mal, quizá es bueno revisar los pasos andados, reconocer los equivocados y trazar un plan que los excluya para que el futuro esté garantizado y, además, sea brillante.

El problema es que, casi siempre, nos quedamos anclados en el análisis del pasado, en cargar con las responsabilidades de la crisis a algún factor concreto, en discutir si tiene más culpa uno u otro condicionante y en polemizar sobre si Internet, la crisis económica o el mal periodismo son más acuciantes que el resto de problemas. ¿Realmente importa? Mientras seguimos discutiendo y no terminamos de deshojar la margarita, el presente avanza y nosotros seguimos intentando desenmarañar el nudo.

Cierto es que el futuro es incierto y que nadie tiene la bola de cristal mágica que le diga cómo será la prensa del futuro para ir asimilando y adoptando ese modelo de negocio. Pero parece claro que, sobre todo, tenemos que ser ágiles, rápidos, sin dejar de ser lo que somos: periodistas. Debemos ser los primeros en dar una información y si las redes sociales son el canal más adecuado, habrá que hacerlo. Ya habrá tiempo de escribir una crónica para la página web e intentar que todos los que se han enterado por ti (o tu medio) la lean en tu web y no en la de la competencia. Pero debemos darla en las redes sociales antes que el resto. Eso sí, verificando que es una noticia y no un rumor (no es la primera vez que en las redes sociales se da por muerto a un personaje famoso y, posteriormente, llega la rectificación. Algo que debe diferenciar el verdadero periodismo del periodismo ciudadano, por ejemplo).

La tecnología es nuestra gran aliada y, por qué no, nuestra gran esclavitud. Debemos aprender nuevas tecnologías casi todos los días. ¿Es bueno? ¿Es malo? No lo sé, pero es.

Cuando Internet llegó a nuestras vidas, mi madre me preguntó una vez que en qué había cambiado mi trabajo. “Antes llegaba, escribía y le daba las fotos al maquetador. Cuando éste lo tenía maquetado, corregía el texto y se acabó. Ahora, además de todo eso, tengo que redactar una versión para la web, preparar y editar las fotos, subirlas a un gestor de contenidos en Internet, buscar hipervínculos, añadirlos, verificar que todo quede bien y publicar en la web. Todo ello por el mismo precio”. Y eso fue hace diez años.

Nadie va a hacer las cosas por nosotros, así que es hora de aprender a hacer nuevas cosas (cómo tener una web, cómo gestionar una red social, cómo desarrollar una aplicación…) sin dejar de hacer lo que ya sabemos: buen periodismo. No creo que nuestra profesión esté abocada a la extinción, pero es evidente que sí a la reconversión. Al igual que somos conscientes de que la industria cinematográfica ha de evolucionar y aplaudimos los discursos de Álex de la Iglesia sobre la materia, debemos ser capaces de ver, además de la paja en el ojo ajeno, la viga en el propio. Asumamos los cambios, evolucionemos y pongámonos a luchar por lo que creemos y nos gusta. Dejemos de lamentarnos por un pasado que nunca volverá y empecemos a construir el futuro antes de que éste nos arrolle.

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    Víctor Robledo says:
    10 julio 2012

    Hola, Arantxa.
    Cuánta razón tienes en apuntar a la necesaria reconversión en esta bendita profesión.
    Sabes de mi experiencia: casi 20 años de radio y prensa tradicional de todos los colores, convirtiéndome en un dinosaurio “afuncionariado”; un mes de paro, de abrir los ojos al presente y de reciclaje; año y medio de televisión en primera línea; once meses de paro, de abrir los ojos al futuro y de reciclaje. Ahora, redactor y productor audiovisual web y multimedia (como autónomo, claro). Y mañana, lo que venga, que los todoterrenos están de moda.
    Esa es la clave: reciclaje, aprendizaje continuo e ilusión.
    Y usar la tecnología como lo que es: una herramienta, un medio para seguir haciendo buen periodismo. El día que la tecnología se convierta en un fin, habrá muerto nuestra profesión.
    Te dejo aquí una frase de Risto Mejide (personaje mediático controvertido, buen publicista y mejor creativo) que yo uso para espabilarme cuando me estanco: no te conviertas en alguien con un pasado prometedor.
    Pues, eso.
    Besos!

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